Por qué se rompen las lamas en Alicante
El clima de la ciudad explica buena parte de las averías. Las lamas de PVC que soportan la solana de poniente durante años acaban combándose y perdiendo flexibilidad, hasta que se rajan al enrollarse. Las rachas de levante hacen vibrar las persianas a medio bajar y pueden doblar las lamas contra las guías. Y en los patios interiores, cualquier objeto que cae desde un piso superior basta para partir una hilera entera.
También influye el uso. Una persiana que se deja siempre a la misma altura concentra el esfuerzo en las mismas lamas, y una que se baja con brusquedad castiga la lama final y los topes. Cuando vamos a cambiar lamas le preguntamos cómo se usa la persiana y miramos las guías: si hay algo que las está rompiendo, lo corregimos a la vez.
El mismo perfil, el mismo color
Para que una lama nueva encaje, tiene que coincidir en altura, grosor y forma del enganche con las que ya tiene. Medimos el perfil con calibre y comparamos el color, porque un blanco de hace quince años y uno recién fabricado no son idénticos. Con esos datos localizamos la lama equivalente entre los perfiles habituales del mercado.
Si el perfil ya no se fabrica, le proponemos alternativas: pasar las lamas sanas a la zona más visible y dejar las nuevas donde menos se vean, o sustituir un tramo mayor para que el paño quede uniforme. Cuando las lamas dañadas son muchas, a veces es más sensato un paño nuevo; en ese caso se lo planteamos con franqueza y usted decide.
¿Plástico ligero o aluminio térmico?
Cada material tiene su terreno. Las lamas de PVC, ligeras y sencillas, rinden bien en ventanas a la sombra, patios de luces y fachadas orientadas al norte. Las de aluminio con espuma de poliuretano en su interior soportan sin deformarse el calor de una fachada a poniente, resisten mejor un golpe y aíslan más del ruido del tráfico; a cambio, abultan más cuando la persiana está recogida.
Pasar del plástico al metal tiene letra pequeña: el rollo engorda, y hay cajones que no dan para más. Antes de proponerlo medimos el hueco disponible y calculamos si el eje y sus flejes cargarán con el peso añadido. Lo que nunca hacemos es mezclar materiales en un mismo paño; si se cambia, se cambia entero.
Lama final, topes y remates
Abajo del todo va la lama final, más gruesa y rígida, con dos topes que hacen de freno contra el cajón. Cuando uno se rompe, la persiana sube un palmo de más, se traga el remate y se queda enganchada arriba: de las urgencias que más fastidian. Además, esa lama recibe el golpe cada vez que alguien suelta la cinta y el paño cae contra el alféizar.
La cambiamos por otra de su misma anchura, con topes y tapones laterales nuevos, y regulamos la altura para que el cierre sea completo sin forzar el paño. Si la persiana es motorizada, después revisamos los finales de carrera: una lama final distinta puede mover el punto de parada unos milímetros.