Cada síntoma apunta a una pieza
Una persiana que se frena siempre en el mismo punto suele tener una lama desplazada o una guía golpeada a esa altura. Si el esfuerzo es constante de arriba abajo, sospechamos del eje o de un soporte cuyo rodamiento ya no gira. Si la persiana desciende escorada hacia un lado, lo habitual es que se haya partido un fleje o que una guía se haya separado de la pared. Y si cae de golpe, se ha desenganchado del eje.
Por eso empezamos mirando y escuchando antes de desmontar. Subimos y bajamos la persiana a mano, comprobamos la holgura de las lamas dentro de las guías y abrimos la tapa del cajón para ver el eje y sus apoyos. Con esa información le explicamos qué ha ocurrido y qué haría falta, y es usted quien decide cómo seguir.
Persianas bloqueadas: primero liberar, después corregir
Una persiana trabada a media altura es la avería más corriente y la que más se complica cuando se fuerza. Si alguien ha tirado fuerte de la cinta, es fácil que el paño se haya doblado o que una lama haya salido de la guía y se haya encajado en diagonal. Nuestra primera tarea es soltarla sin romper nada más: aflojamos, recolocamos y la llevamos a una posición segura.
Después viene lo importante, que es evitar que vuelva a pasar. Enderezamos o sustituimos la guía dañada, cambiamos las lamas deformadas y comprobamos que el paño corre centrado. Si el bloqueo venía de un eje que roza contra el cajón, lo nivelamos o cambiamos el soporte; si venía de suciedad acumulada en las guías, las limpiamos a fondo antes de cerrar.
Eje, soportes y flejes: la avería escondida en el cajón
Dentro del cajón se esconden las averías más difíciles de adivinar desde fuera. Un soporte con el rodamiento gastado hace que la persiana suba a tirones y con un chirrido muy reconocible. Un eje de chapa que ha perdido la forma roza en cada vuelta. Y los flejes, esas piezas pequeñas que sujetan la primera lama al eje, se fatigan con el uso hasta que uno se parte y el paño se descuelga de un lado.
Todas estas piezas tienen recambio. Cambiamos soportes y rodamientos, colocamos flejes del modelo adecuado, reponemos las cápsulas de los extremos y, cuando el eje está doblado o roto, montamos uno nuevo del mismo perfil y la misma longitud. Al terminar cerramos el cajón con su tapa y comprobamos que la persiana hace el recorrido completo sin esfuerzo.
Madera, PVC o aluminio: tres materiales, tres desgastes
En las fincas antiguas de Alicante todavía quedan persianas enrollables de madera, pesadas y nobles, que sufren con la humedad y con el sol directo. Las de PVC, las más extendidas, se comban cuando la fachada acumula muchas horas de calor. El aluminio soporta mejor la intemperie, aunque cerca del mar sus guías y tornillos acusan la sal.
Reparamos los tres materiales teniendo en cuenta esas diferencias. En una persiana de madera sustituimos las lamas dañadas y revisamos con especial cuidado el eje, que soporta un paño pesado; en una de PVC valoramos si conviene cambiar unas lamas o el paño entero; en una de aluminio buscamos corrosión en las piezas metálicas. Siempre le diremos con franqueza si la reparación merece la pena.